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Apego Evitativo: cuanto más lejos, mejor.

¿Alguna vez has sentido que estás más cómoda cuando tienes distancia emocional? ¿Te ha agobiado sentir que tu pareja te demanda mucho? ¿Te sueles cansar rápido de tus relaciones? ¿Has aprendido a gestionar tus cosas sola? ¿Alguna vez has pensado que tu pareja, tu madre o alguien cercano a ti puede tener un apego evitativo? Si te has hecho alguna de estas pregunta en alguna ocasión, te interesará lo que viene a continuación.


El apego evitativo es un tipo de apego inseguro que se desarrolla cuando has tenido en la infancia unos cuidadores que no han sido capaces de identificar tus emociones, regularlas y validarlas desde la calma y la incondicionalidad. 


Las personas personas con un apego evitativo tienden a hacer las cosas solas, no suelen pedir ayuda y sienten que son válidas en función de lo que hacen y no de lo que son.

Por ello, los síntomas que más aparecen junto con este estilo de apego son: ansiedad, tristeza, irritabilidad, sensación de vacío y miedo al rechazo y la soledad. Son personas que se han sentido rechazadas en algunas experiencias de su vida y sienten que cuando han pedido ayuda o han expresado algo que necesitaban, no han tenido respuesta. Además, les suele acompañar una sensación de vacío porque no han podido mostrarse como ellas son en realidad, han necesitado centrarse en los logros para ser vistas y válidas.




Lucía tiene 30 años y viene a consulta porque siente que no logra conectar ni profundizar en las relaciones que tiene. Ha tenido dos relaciones de pareja pero no han durado mucho tiempo porque ella se termina agobiando y cansando. Siente que cuanto más demandan los demás de ella, más necesidad tiene de apartarse y de hacer cosas sola. Cuando exploramos su historia de vida, nos damos cuenta de que María ha tenido una madre fría, distante, exigente y poco cariñosa, y un padre severo que no mostraba nunca el afecto. Lucía ha aprendido a reprimir sus emociones, a aparentar estar bien y poder con todo sola porque sus cuidadores habían rechazado sus emociones y sus necesidades. En casa, había cosas de las que no se podía hablar, emociones que no eran bienvenidas y se validaba aquello que se consideraba un logro para la familia. Para adaptarse a esta situación y poder estar protegida, Lucía ha aprendido a controlarse excesivamente, a ser muy independiente y a no pedir ayuda, pero el coste de funcionar así ha sido tener ataques de ansiedad frecuentes, sentir insatisfacción en todo lo que hace y tener una parte muy exigente que no permite que pueda estar en calma.

 

La evitación es un mecanismo de defensa que aparece para protegerse del miedo al rechazo y a la soledad. Por eso, las personas con un apego evitativo han aprendido a protegerse desde la distancia emocional porque no han sentido el suficiente consuelo y calma en el vínculo durante la infancia.

 

Por lo tanto, una persona con apego evitativo  siente que su individualidad está amenazada si se vincula con otra persona y va a encontrar grandes problemas a la hora de resolver un conflicto, de construir una relación segura y de comunicar cómo se siente. 

 

Teniendo en cuenta que cada persona es de una forma, cada historia de vida tiene sus vivencias y cada relación es diferente, podemos recoger algunos rasgos que se repiten en personas con un apego evitativo: 

 

  • Huyen de la intimidad y el compromiso. 

  • Son excesivamente autónomas. 

  • No piden ayuda. 

  • Se sienten mejor cuando hay distancia emocional. 

  • Se sienten válidos en función a sus logros. 

  • No se sienten cómodas dependiendo de los demás. 

  • Dificultad a la hora de profundizar en los vínculos. 

  • No expresan sus emociones. 

  • Niegan sentir emociones desagradables. 

  • Tienden a reprimir recuerdos o experiencias dolorosas. 

  • Buscan menos intimidad en las relaciones de pareja. 

  • A veces sienten que no necesitan tanto a las amistades. 

  • Pueden tener muchas defensas. 

  • Tienen mucho miedo al rechazo. 

 

 

Una persona con un apego inseguro puede trabajar para construir un apego seguro y relacionarse mejor consigo misma, con los demás y con el mundo desde un lugar más seguro y calmado. La terapia psicológica permite mirar estos patrones, entenderlos y trabajar en ellos para que no se sigan repitiendo de manera inconsciente. Porque el principal objetivo es que puedas aprender a relacionarte de una manera sana y segura, construyendo un apego seguro y aprendiendo a regular tus emociones adecuadamente.


Haber tenido un apego inseguro en la infancia no impide que puedas desarrollar un apego seguro y construir relaciones seguras como adulta.




 

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