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En una relación sana también hay dificultades.

Hay relaciones sanas que no lo han sido en algún momento. Puede que a día de hoy hayas logrado construir una relación segura pero quizá en el pasado ha habido momentos donde no ha sido lo suficientemente bonita o buena, como te hubiera gustado, o puede que estés atravesando un momento complicado en tu relación y no tengas claro si tiene solución y si podéis reparar lo que está ocurriendo.


Vivimos en una sociedad en la que hablar de las cosas que no van bien o de las cosas que no hemos hecho bien, es difícil. Nos resulta más fácil compartir aquello que funciona, aquello que va bien o de lo que estamos orgullosas. Mostrar la parte más cruda de la realidad, que también existe, nos puede generar inseguridad, vergüenza o culpa.


Por eso hoy quiero hablar de las relaciones que atraviesan momentos difíciles y que eso no necesariamente tiene que significar una ruptura o un final porque, en ocasiones, hay espacio para la reparación. Teniendo en cuenta, antes de continuar, que hablamos de relaciones en las que no hay una relación de desigualdad, violencia o maltrato.


Para que la reparación sea posible es necesario que todas las partes implicadas se hagan cargo de su parte de responsabilidad, se comprometan honestamente con el cambio y sean capaces de conectar y comprender a la otra persona.

Para ello hay que tener en cuenta algunos aspectos importantes:


  • La responsabilidad es compartida, en una relación las dos partes tienen un porcentaje de responsabilidad en lo que está ocurriendo.

  • Hay que hacer equipo incluso en los momentos complicados, tu pareja/amigo/familiar no es tu enemigo.

  • No se trata de buscar el culpable, se trata de negociar sobre diferentes aspectos de la relación que no están funcionando para conseguir hacer equipo.

  • No existe una única verdad, lo único que existe son las vivencias que cada persona tiene y éstas son subjetivas.

  • Cada persona tiene un estilo de apego y las necesidades no tiene por qué ser las mismas.

  • El objetivo principal es que puedas compartir cómo te sientes con seguridad y que la otra persona trate de comprender tu vivencia. Y viceversa.

  • Las heridas emocionales y los traumas psicológicos que se hayan vivido de manera individual pueden estar afectando a la relación.

  • Necesitáis comprender vuestra vulnerabilidad para que os podáis mostrar desde aquí y no solo desde la defensa.





A veces, se atraviesan etapas muy complicadas individualmente y la comunicación en la relación se vuelve laberíntica. Esto, en la mayoría de las ocasiones, tiene que ver con la falta de gestión emocional de forma individual que acaba afectando al vínculo. Porque cuando la regulación emocional se convierte en desregulación emocional y no se encuentran las estrategias individuales para gestionar adecuadamente las diferentes situaciones, se puede acabar haciendo mucho daño. Por eso es fundamental que cada persona tenga responsabilidad afectiva.


Otra de las consecuencias de no saber regular adecuadamente las emociones es que en vez de conectar y hablar desde la vulnerabilidad se habla desde el ataque o la defensa.

Y cuando dentro de una relación se ha entrado en el modo defensa-ataque es más probable que la otra parte también tienda a defenderse y la comprensión, la conexión y la comunicación se vuelvan cada vez más difíciles de conseguir.


El daño que ocurre dentro del vínculo es, en muchas ocasiones, inevitable, porque hay gestos, palabras o acciones del otro que pueden activar nuestras heridas emocionales y conectar con el rechazo, la sensación de abandono, el dolor o falta de cuidado, sin que necesariamente la intención de la otra persona sea hacernos daño.


La diferencia entre construir un apego seguro o un apego inseguro es la capacidad de poder reparar el daño, tener un espacio para compartir desde la vulnerabilidad y sentir que la otra persona es un lugar seguro.

Y esto no tiene que ver con justificar conductas o comportamientos, tiene que ver con ampliar la mirada y entender que el hecho de que haya habido una etapa complicada no significa necesariamente que la relación no se pueda reparar. La reparación es posible siempre y cuando las personas implicadas estén dispuestas a hacerse cargo de su mochila, trabajar con sus heridas emocionales, sus experiencias traumáticas y analizar su estilo de apego. En una relación sana puede haber rotura pero también espacio para la reparación porque construir un vínculo seguro consiste en hacer equipo incluso cuando las cosas no van bien, consiste en hacerse cargo de uno mismo para estar mejor con los demás.

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