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¿Qué es el apego?

Actualizado: 19 may 2021

Cuando venimos al mundo, estamos indefensos, necesitamos al otro para sobrevivir. De hecho, el ser humano es el animal que nace más inmaduro y, por lo tanto, más dependiente.


Nuestros cuidadores funcionan como espejos de nosotros y aprendemos a mirarnos a través de sus ojos. Construimos nuestra identidad en base a cómo nuestras necesidades van siendo satisfechas y en base a cómo empezamos a explorar el mundo. Estas primeras experiencias son importantes y son la base sobre la que empezamos a construirnos. Por eso en terapia utilizo la línea de vida, haciendo un recorrido y explorando como fueron estas primeras experiencias que vivió cada persona.


El apego tiene que ver con la sensación de seguridad, conexión y exploración, dependiendo de cómo hayan sido estas primeras relaciones hablamos de apego seguro o apego inseguro.



El apego seguro es la relación que se establece con un cuidador que es capaz de atender tus necesidades de una forma coherente. Te sientes segura con tu cuidador, es capaz de autorregularse y cuando le buscas está disponible para ti, si tienes miedo es capaz de calmarte y por ello, te sientes segura y sientes el mundo como un lugar seguro. Te sientes conectada con tu figura de apego porque atiende tus necesidades coherentemente: sabe cuándo tienes hambre o sueño, cuando tienes miedo, estás triste o algo no te gusta, por lo

tanto te sientes comprendida. Te permite explorar y puedes ir ganando autonomía, permite que explores el mundo, permite que te vayas sabiendo que está ahí cuando regresas, te sientes capaz. El bebé depende de su cuidador para sobrevivir y a medida que va creciendo se va aproximando a la interdependencia. No podemos prescindir de los vínculos en su totalidad pero sí podemos ir creando espacios propios a medida que vamos creciendo.

Si has tenido un apego seguro, puedes ver el mundo como un lugar seguro y sentir que puedes confiar en los demás, identificas tus necesidades y sabes cómo puedes satisfacerlas ya que tu cuidador te enseñó a hacerlo de una manera lo suficientemente buena.



Para sobrevivir necesitamos permanecer vinculados, por ello, negar la necesidad de relación es negar algo innato a la condición humana. Podemos escuchar o haber recibido este mensaje “primero quiérete tú y luego ya podrás querer a los demás”, cuando es precisamente al revés, necesitamos que los otros nos quieran para aprender a querernos.

Esta necesidad de permanecer vinculados hace que puedas haber priorizado la vinculación aunque el vínculo no sea lo suficientemente seguro. Prefieres pensar que los que te cuidan no son tan malos porque si te desvinculas no sobrevives, por ello surgen las defensas. Las defensas te permiten idealizar a tus cuidadores, justificarlos y racionalizar lo que está pasando, negando tu sentimiento de malestar y transformándolo en culpa “ellos no pueden estar haciéndolo mal, lo malo está en mi”


Estas defensas encuentran un lugar en nosotros y nos acompañan en todas las relaciones que tenemos, por eso aunque encontremos un lugar seguro nos podemos sentir inseguros y desprotegidos.


Revisar tu estilo de apego es el primer paso para hacerte consciente de cómo te relacionas y empezar a hacerlo de una manera diferente



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