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La disociación como mecanismo de supervivencia

Para algunas personas, la disociación ha sido la única forma de protegerse del trauma psicológico, de las experiencias dolorosas de su vida y de la violencia. Muchas de las personas que viven un trauma necesitan desconectarse para poder sobrevivir. 

 

La disociación suele aparecer cuando has estado expuesta a situaciones de maltrato, abuso emocional o violencia, especialmente en la infancia. La única forma de sobrevivir a tanto dolor es desconectarte porque en ese momento no cuentas con los recursos necesarios como para poder integrar todo lo que estás viviendo. 

 

¿Cómo puedo saber si estoy disociada?  Hay diferentes formas de saberlo, te voy a hablar de las que más suelen aparecer en terapia:

 

No recuerdas una etapa de tu vida, por ejemplo, la infancia o la adolescencia. Cuando te preguntan por tus recuerdos de niña no sabes qué decir porque no te acuerdas de nada. Tus mecanismos de defensa te protegen así del dolor emocional y de las situaciones traumáticas que hayas podido vivir. 


Tienes recuerdos difusos, no sabes bien si algo llegó a suceder o no. Puedes tener la sensación de que has vivido una determinada situación pero no logras recordarlo con claridad. Esto es muy frecuente que ocurra cuando ha habido una agresión sexual, puedes tener la sensación de que ocurrió pero no puedes recordarlo con claridad. 


Puedes tener flashbacks repentinos de situaciones que viviste en el pasado. Es como si los recuerdos irrumpieran en tu cabeza en forma de pensamientos intrusivos o imágenes concretas de lo que viviste. Esto ocurre cuando hay algo en el presente que puede hacer que se disparen los recuerdos.


Puedes experimentar despersonalización. Esto hace que puedas sentir como que estás fuera de tu cuerpo, como si no estuvieras conectada a él. Puedes sentir que tu cabeza va por un lado y tu cuerpo por otro, no sientes tu cuerpo como tuyo e incluso puedes llegarte a ver desde fuera. En definitiva, te desconectas de ti para no sentir. 


Otra forma de presentarse es mediante secuestros emocionales. Puedes estar viviendo una situación tranquila y de repente sentir que la emoción te secuestra y empiezas a percibir todo radicalmente diferente. Por ejemplo, de repente sientes mucho enfado al escuchar una opinión de tu pareja, empiezas a sentir que no eres lo suficientemente importante, conectas con la soledad y la incomprensión y acabas enfadándote mucho porque sientes que lo que ha dicho te ha hecho mucho daño.  


Puedes sentir confusión con lo que sientes. Al estar desconectada de tu cuerpo, un día puedes sentir una cosa y otro día, la contraria. No sabes bien qué quieres, qué necesitas ni qué puedes hacer para sentirte mejor. Esto puede hacer que sientas muchas dudas sobre ti misma, tus relaciones, tu trabajo y tu futuro, te cuesta saber quién eres realmente. 


Puedes contar una vivencia traumática como si no te afectara. Como forma de protección, las sensaciones se quedan congeladas para que no te puedan desbordar, por lo que puedes contar lo que sucedió sin sentir nada. Puede parecer incluso que no te ha ocurrido a ti, que estás contando algo que le ocurrió a otra persona.  


Puedes sentir desrealización. Es una respuesta ante los eventos traumáticos y las situaciones que generan mucha ansiedad. Tienes la sensación de que estás como en un sueño o en una película, el entorno no te parece real.  




Paula tiene 30 años y acude a consulta porque siente que está deprimida. No tiene recuerdos de su infancia y de su adolescencia solo tiene algún recuerdo difuso, pero no es capaz de recordar con claridad lo que ha vivido. Paula tiene problemas a la hora de relacionarse con los demás porque siente que no puede confiar en ellos. Al analizar la situación nos damos cuenta de que una parte de ella se siente cómoda y segura con algunas personas, pero que siente que a veces, de repente, ve algo en los demás que no le gusta y automáticamente empieza a desconfiar. La desconfianza hace que una parte de ella se desconecte de lo que está pasando y empiece a pensar y sentir que los demás no son confiables, que no está segura y que no puede bajar la guardia. Esto hace que tenga grandes dificultades para relacionarse ya que no puede salir de esa emoción, no puede sentirse de otra manera, su cuerpo se tensa y se acaba enfadando, llegando incluso a mostrarse agresiva con los demás. Cuando aparece esta parte, no puede ver las cosas de otro modo ni tomar perspectiva, siente que todo lo que vive es la única realidad y no puede comprender la vivencia de la otra persona. Esto ocurre porque hay una parte emocional de Paula que está disociada y aparece repentinamente y se pone al mando de la situación. Cuando esta parte desaparece, aparece una sensación de culpa por haber actuado así, vergüenza y soledad. En terapia, trabajaremos con la historia de Paula y los nudos de su historia para poder integrar los recuerdos traumáticos y construir un apego seguro.

 

La mejor forma para trabajar con disociación es mediante la terapia EMDR. Esta terapia permite integrar las experiencias traumáticas vividas y reconectar con el presente desde un lugar más flexible y saludable. Por eso, todas las psicólogas de nuestro equipo estamos especializadas en EMDR y trauma, sentimos que es la mejor forma de poder ayudarte. 

 

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