top of page
Buscar

La resiliencia y el trauma

Vivir un trauma significa vivir una situación que supone una gran amenaza para nuestra integridad psicológica y física. Vivir un trauma provoca un gran impacto emocional en nuestro sistema. 

Esta semana he visto la película de la Sociedad de la Nieve y, si no la has visto, he de avisarte de que puede que haga spoiler así que si estás pensando en verla y no quieres anticipar ningún detalle, estás a tiempo de no seguir leyendo. No quisiera yo fastidiarte la trama. 

 

Bueno, aunque ya conocí la historia del accidente de los Andes hace muchos años, la película me ha hecho reconectar con lo sucedido y poder analizarlo esta vez desde una perspectiva psicológica, teniendo en cuenta la capacidad de resiliencia y el trauma.  

 

A mí, para definir la resiliencia, me gusta la metáfora del junco. El junco es una planta que resiste tempestades, fuertes vientos y el frío invernal. Esto hace que se doble pero no llega a romperse sino que recupera su forma inicial, algo así ocurre con las personas resilientes.  



Pues bien, sobra decir que todos han sido un ejemplo de resiliencia pero especialmente me voy a centrar en Nando Parrado. Nando era un chico más de los que iba en el avión y, como si no hubiera sido traumático el propio accidente en sí, Nando también perdió a su madre y a su hermana allí. Aparte, estuvo en coma algunos días debido al impacto que sufrió. Con todo esto, fue una de las dos personas que caminaron durante días por los Andes en condiciones muy adversas hasta lograr llegar a Chile y pedir ayuda.  


Aparte de ser un claro ejemplo de resiliencia, a mí lo que me llamó la atención es cómo después de haber vivido un trauma no hubo espacio para procesar lo ocurrido porque tenía que sobrevivir. Algo que parece obvio, ¿verdad? Pero realmente ésto no solo sucede en situaciones excepcionales como esta tragedia, sino que es la realidad de la mayoría de las personas que acuden a consulta queriendo trabajar sus heridas emocionales. Porque no es solo lo que ocurre, sino lo que viene a continuación.


Cuando las personas viven un trauma, en la mayoría de los casos, no pueden integrarlo hasta tiempo después. Cuando se pueda estar en un lugar seguro.

 

Porque cuando seguimos en una situación desfavorable, no podemos integrar el trauma sino que tenemos que sobrevivir y poner en marcha diferentes mecanismos defensivos para poder seguir adelante. Estos mecanismos de defensa pueden ser: disociación, represión, negación o idealización, entre otros. Y es gracias a estas defensas, que podemos tirar para delante hasta que un día, se pueda empezar a procesar lo ocurrido. 

 

Nando, no pudo procesar el duelo de la muerte de su hermana y de su madre porque su sistema nervioso estaba preparado para sobrevivir.


Cuando estamos en modo supervivencia no podemos procesar adecuadamente las emociones ni integrar lo que hemos vivido.

El trauma lo integramos cuando podemos, no cuando queremos. Cuando seguimos necesitando sobrevivir vamos a reprimir o disociar lo vivido para poder seguir adelante. Hasta que ya por fin estemos a salvo. 

 

Por eso muchas personas acuden a consulta en el presente para trabajar heridas del pasado, especialmente heridas de infancia. A veces, es la primera vez que vienen a una sesión de psicología, otras veces ya han estado en terapia psicológica pero no han trabajado su historia de vida porque no han sentido la suficiente seguridad o no era el momento para hacerlo. Y a veces, aunque el motivo de consulta principal no sea reparar la historia de vida sino que es la ansiedad, depresión, problemas de pareja o el autoestima, en el fondo de todo suelen estar las heridas asociadas a las experiencias traumáticas y el apego.

 

38 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page