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Lo duro no es trabajar con Violencia Sexual, lo duro es que exista.

Si te pregunto si en alguna ocasión te has sentido violentada sexualmente, ¿qué me dirías? Por desgracia, sé que muchas mujeres contestaréis que sí.


Muchos de los traumas que vivimos las mujeres son de carácter sexual. Según la OMS 1 de cada 5 mujeres han declarado ser víctimas de abuso sexual en la infancia, lo que quiere decir que, al menos 1 de cada 5 mujeres tienen un trauma de carácter sexual. Para mí, lo duro no es trabajar con violencia sexual, lo duro es que existan tantos casos de violencia sexual.


En cualquier situación de violencia sexual, hay una relación de desigualdad entre el agresor y la víctima.

Violencia sexual es todo acto que implique una invasión en tu cuerpo y sientas que tu intimidad está siendo violentada, siendo una amenaza para tu integridad psicológica o física. Es una agresión sexual por parte de un desconocido pero violencia sexual también es que tu pareja te fuerce a tener relaciones sexuales, que te hagan una foto íntima sin tu consentimiento, que difundan fotos íntimas tuyas, que te cosifiquen o denigren, que se quite el método anticonceptivo que estéis usando durante las relaciones sexuales sin tu consentimiento, que un familiar o amigo invada tu cuerpo, que tu compañero o tu jefe te hagan comentarios sexuales sobre tu físico o tu ropa y que cualquier persona te bese o te toque sin tu consentimiento.

 


Las consecuencias psicológicas de haber sufrido un trauma de carácter sexual son los siguientes: 


  • Sentimiento de culpa: puedes sentir que podías haber hecho algo más, te puedes sentir culpable porque te quedaste paralizada o no dijiste nada. Pero, cuando la situación es tan violenta y traumática que supera tus recursos, no puedes hacer nada más que quedarte paralizada. 

  • Sensación de asco: puedes sentir asco cuando hablas de ello, cuando tienes relaciones sexuales o cuando ves a esa persona. El asco es una emoción que surge por lo desagradable que fue que invadieran aquello que era tuyo y de nadie.  

  • Sentimiento de vergüenza: puedes sentir vergüenza porque se sepa, por haberlo vivido o porque haya sido una persona conocida para ti. La vergüenza aparece porque se ha invadido y violentado tu intimidad y en la sociedad en la que vivimos se exige guardar silencio ante aquello que se considera “tabú”. Pero realmente lo que necesitamos es visibilizar más aquello que ocurre para que sea más fácil hablar de ello. 

  • Emoción de miedo: puedes experimentar miedo o ansiedad cuando lo recuerdas, cuando estas en alguna situación que te despierta algo relacionado con la vivencia o miedo a que te vuelva a pasar. Una agresión es una situación de peligrosidad que amenaza nuestra integridad física y psicológica. La ansiedad puede aparecer en forma de parálisis, evitación o intensidad emocional.  

  • Sentimiento de rechazo: puedes sentir rechazo hacia algunas personas, algunas situaciones o algunos lugares, y querer evitarlo. Es una forma de protegerte y alejarte de aquello que te hizo de daño, es una forma de sobrevivir.  

  • Emoción de rabia: ante lo injusto de lo ocurrido y como forma de proteger tu vulnerabilidad, puedes experimentar mucha rabia hacia la persona o personas que te agredieron. 

  • Baja autoestima: puedes sentir que no eres suficiente, válida o importante. Puede haber cambiado la imagen que tienes de ti misma y la forma de hablarte y de mirarte.

  • Estado de ánimo bajo: puedes sentirte triste e incapaz de disfrutar de las cosas agradables. También puedes sentir que el día a día se hace muy difícil para ti.

  

 

Si al leerme has conectado con alguna sensación o recuerdo, no tienes por qué quedártelo para ti. Somos un equipo de psicólogas online especialistas en trauma, apego, violencia y EMDR y podemos ayudarte a trabajar lo que has vivido.

 

 

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